Sorrow por la gastronomía

Artículo de Fernando Huidobro
"Una aporía sobre la gravedad y la importancia desorbitada de la gastronomía se ha instalado en nuestra sociedad. Cada vez que me veo caer en la desmesura de esa extravagancia inmaterial de la humanidad, me doy de puñetazos en la boca del estómago hasta que consigo vomitarla. Así vuelvo a reconocer su frugalidad, sonrío y recomo felizmente".
Por Fernando Huidobro
22 de junio de 2020

Tristeza. Lo único que he sacado de esta época de pandemia de padre y muy señor mío, es sorrow por la gastronomía. Lo siento en el alma, en mi alma gastró ya viejuna que tanto ama esa gastronomía de largo pelo rubio y ojos de azul. Desde ella y mi personal realismo gastronomista he visto su actualidad verdadera y su cara más cruda; y mi conclusión no es sino de pesimista desánimo. No he podido dormir muchas de estas blue nights.

He podido ver, cómo cumpliéndose mis más penosos augurios escritos hace más de cuatro años, “los aparatos del Estado y las administraciones han metido sus zarpas en este festín para controlarlo con sus pegajosas hebras”. Triste realidad. Porque lo ha venido a hacer -lo han tenido que hacer- con ocasión de una pandemia que algo me dice que es hija del diablo y que no hace sino ahondar en una crisis sistémica de la sociedad derivada de la, al parecer, inevitable ruina de lo público. Al convertirse la política en su tabla de salvación, la gastronomía quedará a su mal recaudo. Que los dioses nos cojan confesados. Aunque al final terminemos dándole las gracias como dóciles estómagos agradecidos. Yo el primero. Tristeza.

Porque lo cierto es que la hostelería, como bastón de mando de la gastronomía, no ha cogido las riendas de su propio destino, no ha estado a la altura, no ha sido capaz de responder con altura de miras. No he visto ideas ni aptitud, no he visto actitud, no he visto unión, no he visto valor, garra ni guerra, no he visto conjunción ni liderazgo ni auctoritas. Sí he visto inconsciencia e inconsistencia, desconcierto y caos, sí he oído gritos y sentido pesadumbre. No he visto alma ni redaños. Ni ganas siquiera. Del “me lo como todo” a la desgana. Sorrow.

Sólo he visto hacer lo que ya se sabía que se sabía hacer: cocinar. Nada más. En medio de la dolorosa incertidumbre reinante, la restauración no ha sido capaz de sacudirse esa consabida base esencial de cocina que han repetido hasta la saciedad y que ninguna ayuda aportaba a la resolución del problema. No contribuía siquiera a vislumbrar un posible nuevo escenario de nuestra cultura gastronómica al que poder mirar con apetito espiritual y esperanza futura. ¿Sólo quedaba volver al origen, volver a mirar atrás? ¿No había nadie, ni nada más por ahí, de lo que echar mano? ¿Se estaba más cómodo contemplando el deterioro de las futuras ruinas que levantando la vista hacía la renovación y la edificación de su futuro? ¿No se podía hacer nada más? ¿Faltó reacción de una élite rallana con la nada hedonista? Sólo una esperanza sin sentido -"juntos salimos de ésta"- parecía tener sentido. Tristeza.

Mi tristeza es una tristeza de fondo, frustrante y rebelde, que se resiste a creer que la gastronomía no sea capaz de ver alternativa, que no haya sido capaz de poner en marcha y en acción común a todos sus virtuosos agentes habituales: los de la calidad, los de las iniciativas, los de las ideas, la fuerza, la lucha, los del servicio, los de la compañía, los de la manufactura y el oficio, el del gremio y la solidaridad y la unión. Los del alegre amor por la gastronomía, la sociedad y la vida. Sí, esos mismos que salimos en los vídeos corales de redes y teles jugando a las high class games. ¿Fake?

Por eso nació durante esta crisis la Hermandad Gastró -HERGAS-, para eso ha venido viviendo, por eso sigue bullendo en la búsqueda de reflexión, autocrítica y soluciones interactivas. Un pequeño grupo humano de acción social que ha aportado lo que ha podido desde su humilde posición, con trabajo y sin apoyo externo ni dineros propios o ajenos, y que hoy, por mi mano, deja caer aquí su sentir de tristeza porque ni ella misma ni el opulento y exitoso mundo de la gastronomía han sabido, hasta ahora al menos, dar respuesta a las necesidades de la sociedad culinaria que les dio vida y cultivó; que no han sabido cómo ayudar a resolver los problemas de supervivencia a los que sus gentes se han enfrentado en estos amargos días; que no han podido dar soluciones a la grave inquietud social de esta mala época presente.

Quizás gastronomía solo sea cocinar, solo quizás. Quizás por eso solo siento tristeza, lo único que he podido sacar de tí, oh-oh-oh-oh mi amada gastronomía, es sorrow.

(*Con una pequeña ayuda de mis amigos David Bowie y su canción “Sorrow", Mark Fisher y su libro “Realismo Capitalista" y Huy de Malcocinado y sus aforismos cocinarecreativos).