Ochoeme

Artículo de Carmen Alcaraz del Blanco
El ruido reinará una vez más este 8M, cuando en realidad necesitamos tiempo y espacio durante todo el año para lograr transmitir que la gastronomía sigue siendo una carrera de obstáculos.
Por Carmen Alcaraz del Blanco
08 de marzo de 2021

Un ochoeme más, amigas, aunque este lo celebremos desde casa. En vez de pancartas, incluiremos los emoji del puño y del corazón lila en nuestros tuits y mensajes, y todo ello tendrá el mismo efecto, o sea, ninguno. Leeremos artículos escritos con prisa que se parecen demasiado a los del año anterior. Publicarán listas con las 10 o 20 mujeres más influyentes de la gastronomía, donde no faltarán las que invitan a pesebres y saraos, claro. También nos agasajarán con listados de cocineras, donde figurarán las de siempre con alguna cara nueva, porque para algo esa editorial decidió lanzar ese libro en febrero.

Nadie hace listas sobre los mejores hombres cocineros porque para eso ya tenemos los carteles de los congresos. El último ejemplo es la nota de prensa de las primeras confirmaciones de Madrid Fusión: 11-0, que no es un resultado de pretemporada sino el número de hombres respecto a mujeres. Me pregunto si alguien en la organización se percató de la nula presencia de cocineras en el comunicado, en el cual se anuncia precisamente que se "dedicará un protagonismo especial al cambio de paradigma mundial hacia cocinas comprometidas con el planeta". Supongo que por planeta se refieren a Marte.

Hoy nos repetirán que el talento no tiene género, que es como decirnos que los pájaros también pueden volar, porque mientras se pronuncian frases obvias y vacías no se menciona ni se analiza lo verdaderamente importante: la circunstancia, lo que nos rodea, lo que nos condiciona. El suegro de Simone Ortega lo tenía claro: la vida no consiste sólo en la adaptación de un cuerpo a su medio, sino también en la adaptación del medio a su cuerpo. Si no cambian los escenarios, marcos y estructuras de la gastronomía, es imposible que podamos crecer... o volar.

Este ochoeme estoy cansada y triste. No siento que nada haya cambiado desde el #metoo. Durante el año solo veo acciones oportunistas y estéticas. El espejismo de los optimistas reside en la cuota, confundida casi siempre con lo que las pesimistas llamamos Principio de Pitufina, que no es más que creer que por incluir a una sola mujer en tus movidas ya está todo solucionado.

Aunque hay algo peor, que es darnos de comer aparte, como en los congresos que brindan un mismo escenario a cuatro o cinco cocineras simultáneamente, en vez de emplazarlas a una franja individualizada. O bien cuando una empresa busca beneficio, reputación o protagonismo a través de un día combativo, como esa marca que hoy organiza un evento con cocineras a las que no incluyó en su reciente anuncio.

No hay un verdadero interés en sentarse en nuestras mesas, en escucharnos o en leernos porque no hay voluntad de reconstruir el espacio público y privado de la gastronomía. Y mientras no nos dejen tiempo y espacio para desarrollar nuestros discursos, nada cambiará. Amigas, que nos den solo un día para vociferar es lo contrario a igualdad, porque si hablamos todas a la vez, no se nos oye a ninguna. De esta manera, las mujeres solo somos el contenido de un día de marzo. Ya no veo ninguna diferencia entre el 8M y el Día de la Croqueta.

#Gastrónomas