Mientras estudiaba en la universidad, Mikkel Borg Bjergsø no valoraba la cerveza. La veía como una bebida alcohólica fácil de conseguir, asequible y que le ponía a uno a tono con rapidez; poco más. Sin embargo, trabajar como camarero para subsistir mientras estudiaba le abrió los ojos. Probó algunas cervezas importadas, descubrió todo un mundo y con un grupo de amigos fundó un club de cata de cervezas.
La afición quedó simplemente como eso, un pasatiempo, hasta que ya siendo profesor de matemáticas y física, hace una década, se le ocurrió experimentar con maltas, lúpulos y levaduras durante su tiempo libre. La idea era producir sus propias cervezas para ahorrar, gracias a la ayuda de libros y documentación estadounidense. Pero no. El resultado de los experimentos a los que se sumó su amigo de la infancia, Kristian Keller, desembocó en la creación de la premiada y popular microcervecera Mikkeller y en referencias tan notables como la Stateside IPA.

Producida en las instalaciones de Ørbæk Bryggeri, una cervecería danesa que presta sus instalaciones a Borg y Keller, que no cuentan ni quieren contar con fábrica propia, se inspira en las cervezas más americanas. Se elabora con grandes cantidades de lúpulos aromáticos americanos, el chinook, cascade y amarillo, de mayor frescura, con un amargor dotado de gran número de matices cítricos, que se presentan con solamente destapar la botella o lata.
Una vez en boca, la Mikkeller Stateside IPA está dominada por el amargo de los lúpulos que emplea y un cierto componente de malta, intenso inicialmente con su dulzor acaramelado, que equilibra la composición. Es notablemente densa, aunque su entrada es buena. A la vista destaca por cierta turbieza, su color ámbar intenso, realmente precioso, y la generosa espuma que se forma una vez servida.
Esta India Pale Ale, presentada con una etiqueta o serigrafía de vistosos tonos verdes y lima, conquistará el paladar de los cerveceros más yankees.